domingo, 4 de abril de 2010

A LA INFANCIA PERDIDA

Rubia, tierna niña, te llevaron ¿adónde?. Te buscaron, ha de ser así. Pero tu imagen pura se quedó en mi corazón y también en el corazón de madres y abuelas que como yo sienten así, sentimos así.
Nadie te olvida, tampoco a tantos niños que como vos se perdieron en este camino de la vida.
Te vi en varios posters en todos lados. Recé por vos para que vuelvas a la vida con ayuda de Dios. Siempre estarás en nuestro corazón y te estaremos esperando, en un noticiero, en los diarios.
En esta semana santa rezamos por toda la infancia perdida. Para que se haga la luz en medio de tanta oscuridad.
Por vos, María Fernanda, y por todos los que como vos se encuentran perdidos.
Este tema está dedicado a los niños y niñas que desaparecen y nunca se encuentran. Hagamos votos universalmente para que la justicia y los derechos humanos y los hombres y mujeres de esta sociedad tomemos conciencia y hagamos algo al respecto.

jueves, 1 de abril de 2010

Elena

Caminaba, distraida mirando las vidrieras de la calle Santa Fé, absorta en sus pensamientos miraba distraídamente. De pronto, levanta la mirada, y sus grandes ojos azules se iluminan. Frente a sí estaba Julia, su mejor amiga de la secundaria, ¡Hacía tanto que no se veían! Las dos se miran como reconociéndose, luego de unos segundos ella dice: ¡Julia! ¡Elena! dice la amiga. Se toman de las manos, luego se abrazan. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos reunimos con los chicos!, dice Julia. Elena dice: ¡Si, es verdad, es que pasaron tantas cosas! Julia dice: ¡no digas nada, ya pasó!
Bueno, tomemos un café, dice Elena, y así charlamos un rato.
¿Te parece? ¡fantástico!. Las dos amigas caminan emocionadas por el encuentro. Una vez en el café quedán unos minutos en silencio. Julia rompe el silencio y se atreve a preguntar ¿te casaste? Supongo que te casaste con Martín? Elena baja la mirada y lentamente empieza a hablar. ¡Mirá, casarme como se dice, casarme, no. Convivimos un tiempo pero nos separamos al año!
¿Y se ven de vez en cuando? ¡No! no nos hemos visto más, él se fue no sé a donde exactamente. Yo vivo sola. Estoy trabajando en una escribanía, ¿Y vos? Julia dice: yo me recibí de abogada y también trabajo en un estudio. ¡Te acordás los días que pasamos en nuestros días de la secundaria, que época!, y tu mamá ¿cómo está? Mirá mamá no anda muy bien, el reuma y la artrosis la tienen mal.
Las dos amigas fueron compañeras de estudios desde la primaria, todo iba bien, un día se dieron cuenta de que a las dos les atraía el mismo chico del grupo de amigos, y así se distanciaron a partir del último encuentro de amigos de la secundaria.
Siguieron charlando y de cosas en común ambas se dieron cuenta de que en el fondo de sus corazones seguían sintiendo el mismo afecto, la misma amistad, que siempre las unió.
Elena vivía en Santos Lugares, en un departamento con balcón a la calle, tenía muchas plantas de jardín y un perro pequeño a quien llamaba Piti, este era su companía. La encargada del edificio era quien le hacía la limpieza del departamento y sacaba a Piti a la calle. Elena en su tiempo libre se dedicaba a la pintura, tenía su atelier en el departamento en que vivía, lo hacía por hobbie, pero lo hacía muy bien, sus amigos elogiaban su destreza con el pincel. Se había quedado soltera. Nadie se explicaba bien por que, era bonita, buena presencia, de ojos impactantes y pretendientes no le faltaron. Pero allí estaba llevando adelante su vida solitaria.
Esta ahorrando para hacer un viaje, así se lo comentó a Julia. Ahora que se habían reencontrado no dejarían de comunicarse una a la otra.
Luego de tomar café y charlar largo y tendido, las dos amigas se despidieron cada una a sus obligaciones. Una esperanza nueva había nacido entre ellas, seguirían amigas hasta el final.
Maria Denis

Tu preguntas: ¿Qué es el amor?

Te contaré: Tenía yo 13 años y el hermano de una amiga mía, compañera de escuela, me dijo: ¡En este sombrero lleno de higos que son para vos está mi corazón, y te quiero hacer una promesa en este día de tu cumpleaños! ¡cuando crezcamos los dos me voy a casar con vos!, me dió un beso en la mejilla que nunca olvidé. Crecimos, pasaron unos años y él en el baile conoció una chica, tuvo un encuentro con ella y tuvieron sexo, consecuencia de esto, ella quedó embarazada, el padre de esta joven lo obligó a casarse con ella, porque sino lo mataba, yo lo amaba, era mi primer amor un amor puro e inocente; y él también me amaba, pero como se dice, metió la pata, y se tuvo que casar un día. Casi de casualidad nos vimos, él me habló, quiso explicarse por los hechos, disculparse, me pidió perdón, me dijo que lo obligaron a casarse pero que en cuanto el niño naciera se iba a separar de ella.
Yo era muy respetuosa de los principios morales que me inculcaron en mi casa desde niña y pensando en mi padre que estaba en contra del divorcio, le dije: ¡No, no hagas eso! Vos tenés que estar con tu hijo, yo también me voy a casar pronto y la verdad, tenía más de una propuesta de matrimonio, pero yo lo quería a él, y le dí el sí a otro joven. Un joven del interior del país, bueno, honesto, cuya única riqueza eran sus ganas de vivir y su alegría de la vida, nos casamos. Al año nació mi hija, tenía yo 19 años, la niña era mi felicidad, mi pequeña muñeca de carne y hueso, me aferré a ella con todo mi amor. Cuatro años después nació mi hijo varón y me di cuenta que hay una sola forma de amar. Pero está el amor inocente, puro, cándido, lleno de ilusiones. Y está el amor maduro de una mujer y un hombre, es el amor que se cultiva de a poco con la convivencia y a través de los años. Y hoy, después de 40 años de matrimonio amo más que nunca a este hombre, que me ayudó a crecer, a convertirme en mujer, a sentirme amada. ¡Te puedo decir, qué es el amor!

Maria Denis

Nadie te ha querido como yo