jueves, 20 de mayo de 2010

Sueña

" A DONDE TE ENCUENTRES"



Te quería contar qué sola me encuentro.
Desde que te fuiste de este mundo,
me quedé sin nadie,
como vacía como la misma soledad.
Paso mis días como esperando algo,
sólo siento el tiempo que pasa lento, muy lento,
y aunque tenga compañía, nada llena este vacío.
Es como caminar en las sombras,
como aprender a andar
en una oscuridad sin salida.
Tal vez el tiempo se encargue de curar
pero nunca habrá olvido
y estaré en la misma soledad de tu querida compañía,
de tus silencios, de tus conversaciones,
las que manteníamos como dos almas que se comprenden sin muchas palabras,
como madre e hijo que fuimos.
A donde quiera que estés.
Mamá

"A UN AÑO"



Un año hace que te fuiste de este mundo.
Dios te quiso a su lado para salvarte.
La mano siniestra te marcó la vida
desde muy pequeño
y nunca te dejaron crecer libre.
Libre como el viento, como el sol que nos alumbra.
Junto contigo quedó la marca en una generación.
Un año que te fuiste, que no tenemos tu amada presencia.
Siento pasos en la escalera,
pienso que sos que llega a casa.
Te extrañamos todos.
La casa nueva no fue suficiente
para dejar de pensar en vos.
Aquí estamos los dos, tu papá y yo,
no hablamos, no decimos nada
pero no hace falta.
Pensamos casi lo mismo,
estás presente y siempre será así.
Pronto cumpliré tus deseos,
llevaré tus cenizas al mar
para que encuentres absoluta libertad en tu espíritu.
Camino de la eterna felicidad junto a Dios.

jueves, 13 de mayo de 2010

POLO

Dormía en el escaparate de los subtes de la línea D, en las galerías de la estación Carlos Pellegrini, no era solo él, eran unos cuantos: cinco o seis. Todos ellos mendigaban en las calles de la ciudad, abriendo puertas de taxis, pidiendo monedas, pero ese niño en particular me llegó al corazón.
No tendría más de 8 o 10 años, dormía a la par de unos gatos que se complacían al calor que allí reinaba. Me quedo un rato dando vueltas por ahí, mirándo artículos de cuero que más hacia la salida de la galería vendían los puestos allí instalados. En un momento se despierta, se levanta de un salto como si alguien lo despertara, se alisa el cabello y camina. Hago tiempo, quiero entablar una conversación con él, saber de él y el por qué está allí, si no tiene familia, casi como si nuestros pensamientos se comunicaran el se me acerca y me pide algo. ¡Tiene una moneda doña? ¡Tengo hambre! me dice. Trato de ser amigable y converso, le pregunto ¿como te llamás? me contesta: polo, me llamo polo! Le pregunto: ¿te gustaría tomar un café con leche y medias lunas o un sandwich, se le iluminaron los ojitos. Dice: ¡Bueno, dele doña! Vamos hasta la barra de un café al paso de allí dentro del subte y pido ¡un café con leche y un sandwich de jamón y queso! y un café para mí!
Mientras esperamos que nos sirvan trato de preguntarle por su familia, si la tiene, me contesta que no quiere hablar, como sigo insistiendo luego de tomarse unos tragos del café con leche y mordér con avidez el sandwich me dice que lo crió una abuela, pero que no le daba mucho de comer porque no tenían nada, era de Quilmes, pero hacía mucho que no iba a su casa. Le pregunto: ¿fuiste a la escuela? y dice: ¡no! pero me gustaría ir a aprender a leer, me dice que la gente es buena y siempre le dan algunas monedas y me aclara ¡yo no me drogo, doña, no me gusta eso, creo que nunca me voy a drogar!
¡Cómo me gustaría poder ayudarlo! Pero pensé que puedo hacer yo, solo pedir ayuda a quien vea la situación de calle de estos pibes y se ponga a trabajar en serio.
Polo quería llegar a ser alguien, oirlo, escucharlo era como hablar con un adulto, con esa madurez que le dió la adversidad, la pobreza, la necesidad. Tenía sueños, quiera Dios que los realice.
Y luego de desayunar pago el consumo y él se despide ¡gracias doña, la quiero! me da un beso en la mejilla y se aleja rápido, alegre, sin pena ¡Tengo que trabajar!, me dice. Polo se pierde en la multitud, yo sigo mi camino: voy a hacer un trámite y me quedo pensando en él, en su niñez perdida. Es un niño más en las calles de la gran ciudad, al anochecer volverá Polo a su hogar,esta galería inundada de calor y olor a gatos que abundan por allí. Mañana será otro día, quizás alguien, también le pague una café con leche.
MAria Denis