jueves, 20 de mayo de 2010
" A DONDE TE ENCUENTRES"

Te quería contar qué sola me encuentro.
Desde que te fuiste de este mundo,
me quedé sin nadie,
como vacía como la misma soledad.
Paso mis días como esperando algo,
sólo siento el tiempo que pasa lento, muy lento,
y aunque tenga compañía, nada llena este vacío.
Es como caminar en las sombras,
como aprender a andar
en una oscuridad sin salida.
Tal vez el tiempo se encargue de curar
pero nunca habrá olvido
y estaré en la misma soledad de tu querida compañía,
de tus silencios, de tus conversaciones,
las que manteníamos como dos almas que se comprenden sin muchas palabras,
como madre e hijo que fuimos.
A donde quiera que estés.
Mamá
"A UN AÑO"

Un año hace que te fuiste de este mundo.
Dios te quiso a su lado para salvarte.
La mano siniestra te marcó la vida
desde muy pequeño
y nunca te dejaron crecer libre.
Libre como el viento, como el sol que nos alumbra.
Junto contigo quedó la marca en una generación.
Un año que te fuiste, que no tenemos tu amada presencia.
Siento pasos en la escalera,
pienso que sos que llega a casa.
Te extrañamos todos.
La casa nueva no fue suficiente
para dejar de pensar en vos.
Aquí estamos los dos, tu papá y yo,
no hablamos, no decimos nada
pero no hace falta.
Pensamos casi lo mismo,
estás presente y siempre será así.
Pronto cumpliré tus deseos,
llevaré tus cenizas al mar
para que encuentres absoluta libertad en tu espíritu.
Camino de la eterna felicidad junto a Dios.
jueves, 13 de mayo de 2010
POLO
Dormía en el escaparate de los subtes de la línea D, en las galerías de la estación Carlos Pellegrini, no era solo él, eran unos cuantos: cinco o seis. Todos ellos mendigaban en las calles de la ciudad, abriendo puertas de taxis, pidiendo monedas, pero ese niño en particular me llegó al corazón.
No tendría más de 8 o 10 años, dormía a la par de unos gatos que se complacían al calor que allí reinaba. Me quedo un rato dando vueltas por ahí, mirándo artículos de cuero que más hacia la salida de la galería vendían los puestos allí instalados. En un momento se despierta, se levanta de un salto como si alguien lo despertara, se alisa el cabello y camina. Hago tiempo, quiero entablar una conversación con él, saber de él y el por qué está allí, si no tiene familia, casi como si nuestros pensamientos se comunicaran el se me acerca y me pide algo. ¡Tiene una moneda doña? ¡Tengo hambre! me dice. Trato de ser amigable y converso, le pregunto ¿como te llamás? me contesta: polo, me llamo polo! Le pregunto: ¿te gustaría tomar un café con leche y medias lunas o un sandwich, se le iluminaron los ojitos. Dice: ¡Bueno, dele doña! Vamos hasta la barra de un café al paso de allí dentro del subte y pido ¡un café con leche y un sandwich de jamón y queso! y un café para mí!
Mientras esperamos que nos sirvan trato de preguntarle por su familia, si la tiene, me contesta que no quiere hablar, como sigo insistiendo luego de tomarse unos tragos del café con leche y mordér con avidez el sandwich me dice que lo crió una abuela, pero que no le daba mucho de comer porque no tenían nada, era de Quilmes, pero hacía mucho que no iba a su casa. Le pregunto: ¿fuiste a la escuela? y dice: ¡no! pero me gustaría ir a aprender a leer, me dice que la gente es buena y siempre le dan algunas monedas y me aclara ¡yo no me drogo, doña, no me gusta eso, creo que nunca me voy a drogar!
¡Cómo me gustaría poder ayudarlo! Pero pensé que puedo hacer yo, solo pedir ayuda a quien vea la situación de calle de estos pibes y se ponga a trabajar en serio.
Polo quería llegar a ser alguien, oirlo, escucharlo era como hablar con un adulto, con esa madurez que le dió la adversidad, la pobreza, la necesidad. Tenía sueños, quiera Dios que los realice.
Y luego de desayunar pago el consumo y él se despide ¡gracias doña, la quiero! me da un beso en la mejilla y se aleja rápido, alegre, sin pena ¡Tengo que trabajar!, me dice. Polo se pierde en la multitud, yo sigo mi camino: voy a hacer un trámite y me quedo pensando en él, en su niñez perdida. Es un niño más en las calles de la gran ciudad, al anochecer volverá Polo a su hogar,esta galería inundada de calor y olor a gatos que abundan por allí. Mañana será otro día, quizás alguien, también le pague una café con leche.
MAria Denis
No tendría más de 8 o 10 años, dormía a la par de unos gatos que se complacían al calor que allí reinaba. Me quedo un rato dando vueltas por ahí, mirándo artículos de cuero que más hacia la salida de la galería vendían los puestos allí instalados. En un momento se despierta, se levanta de un salto como si alguien lo despertara, se alisa el cabello y camina. Hago tiempo, quiero entablar una conversación con él, saber de él y el por qué está allí, si no tiene familia, casi como si nuestros pensamientos se comunicaran el se me acerca y me pide algo. ¡Tiene una moneda doña? ¡Tengo hambre! me dice. Trato de ser amigable y converso, le pregunto ¿como te llamás? me contesta: polo, me llamo polo! Le pregunto: ¿te gustaría tomar un café con leche y medias lunas o un sandwich, se le iluminaron los ojitos. Dice: ¡Bueno, dele doña! Vamos hasta la barra de un café al paso de allí dentro del subte y pido ¡un café con leche y un sandwich de jamón y queso! y un café para mí!
Mientras esperamos que nos sirvan trato de preguntarle por su familia, si la tiene, me contesta que no quiere hablar, como sigo insistiendo luego de tomarse unos tragos del café con leche y mordér con avidez el sandwich me dice que lo crió una abuela, pero que no le daba mucho de comer porque no tenían nada, era de Quilmes, pero hacía mucho que no iba a su casa. Le pregunto: ¿fuiste a la escuela? y dice: ¡no! pero me gustaría ir a aprender a leer, me dice que la gente es buena y siempre le dan algunas monedas y me aclara ¡yo no me drogo, doña, no me gusta eso, creo que nunca me voy a drogar!
¡Cómo me gustaría poder ayudarlo! Pero pensé que puedo hacer yo, solo pedir ayuda a quien vea la situación de calle de estos pibes y se ponga a trabajar en serio.
Polo quería llegar a ser alguien, oirlo, escucharlo era como hablar con un adulto, con esa madurez que le dió la adversidad, la pobreza, la necesidad. Tenía sueños, quiera Dios que los realice.
Y luego de desayunar pago el consumo y él se despide ¡gracias doña, la quiero! me da un beso en la mejilla y se aleja rápido, alegre, sin pena ¡Tengo que trabajar!, me dice. Polo se pierde en la multitud, yo sigo mi camino: voy a hacer un trámite y me quedo pensando en él, en su niñez perdida. Es un niño más en las calles de la gran ciudad, al anochecer volverá Polo a su hogar,esta galería inundada de calor y olor a gatos que abundan por allí. Mañana será otro día, quizás alguien, también le pague una café con leche.
MAria Denis
domingo, 4 de abril de 2010
A LA INFANCIA PERDIDA
Rubia, tierna niña, te llevaron ¿adónde?. Te buscaron, ha de ser así. Pero tu imagen pura se quedó en mi corazón y también en el corazón de madres y abuelas que como yo sienten así, sentimos así.
Nadie te olvida, tampoco a tantos niños que como vos se perdieron en este camino de la vida.
Te vi en varios posters en todos lados. Recé por vos para que vuelvas a la vida con ayuda de Dios. Siempre estarás en nuestro corazón y te estaremos esperando, en un noticiero, en los diarios.
En esta semana santa rezamos por toda la infancia perdida. Para que se haga la luz en medio de tanta oscuridad.
Por vos, María Fernanda, y por todos los que como vos se encuentran perdidos.
Este tema está dedicado a los niños y niñas que desaparecen y nunca se encuentran. Hagamos votos universalmente para que la justicia y los derechos humanos y los hombres y mujeres de esta sociedad tomemos conciencia y hagamos algo al respecto.
Nadie te olvida, tampoco a tantos niños que como vos se perdieron en este camino de la vida.
Te vi en varios posters en todos lados. Recé por vos para que vuelvas a la vida con ayuda de Dios. Siempre estarás en nuestro corazón y te estaremos esperando, en un noticiero, en los diarios.
En esta semana santa rezamos por toda la infancia perdida. Para que se haga la luz en medio de tanta oscuridad.
Por vos, María Fernanda, y por todos los que como vos se encuentran perdidos.
Este tema está dedicado a los niños y niñas que desaparecen y nunca se encuentran. Hagamos votos universalmente para que la justicia y los derechos humanos y los hombres y mujeres de esta sociedad tomemos conciencia y hagamos algo al respecto.
jueves, 1 de abril de 2010
Elena
Caminaba, distraida mirando las vidrieras de la calle Santa Fé, absorta en sus pensamientos miraba distraídamente. De pronto, levanta la mirada, y sus grandes ojos azules se iluminan. Frente a sí estaba Julia, su mejor amiga de la secundaria, ¡Hacía tanto que no se veían! Las dos se miran como reconociéndose, luego de unos segundos ella dice: ¡Julia! ¡Elena! dice la amiga. Se toman de las manos, luego se abrazan. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos reunimos con los chicos!, dice Julia. Elena dice: ¡Si, es verdad, es que pasaron tantas cosas! Julia dice: ¡no digas nada, ya pasó!
Bueno, tomemos un café, dice Elena, y así charlamos un rato.
¿Te parece? ¡fantástico!. Las dos amigas caminan emocionadas por el encuentro. Una vez en el café quedán unos minutos en silencio. Julia rompe el silencio y se atreve a preguntar ¿te casaste? Supongo que te casaste con Martín? Elena baja la mirada y lentamente empieza a hablar. ¡Mirá, casarme como se dice, casarme, no. Convivimos un tiempo pero nos separamos al año!
¿Y se ven de vez en cuando? ¡No! no nos hemos visto más, él se fue no sé a donde exactamente. Yo vivo sola. Estoy trabajando en una escribanía, ¿Y vos? Julia dice: yo me recibí de abogada y también trabajo en un estudio. ¡Te acordás los días que pasamos en nuestros días de la secundaria, que época!, y tu mamá ¿cómo está? Mirá mamá no anda muy bien, el reuma y la artrosis la tienen mal.
Las dos amigas fueron compañeras de estudios desde la primaria, todo iba bien, un día se dieron cuenta de que a las dos les atraía el mismo chico del grupo de amigos, y así se distanciaron a partir del último encuentro de amigos de la secundaria.
Siguieron charlando y de cosas en común ambas se dieron cuenta de que en el fondo de sus corazones seguían sintiendo el mismo afecto, la misma amistad, que siempre las unió.
Elena vivía en Santos Lugares, en un departamento con balcón a la calle, tenía muchas plantas de jardín y un perro pequeño a quien llamaba Piti, este era su companía. La encargada del edificio era quien le hacía la limpieza del departamento y sacaba a Piti a la calle. Elena en su tiempo libre se dedicaba a la pintura, tenía su atelier en el departamento en que vivía, lo hacía por hobbie, pero lo hacía muy bien, sus amigos elogiaban su destreza con el pincel. Se había quedado soltera. Nadie se explicaba bien por que, era bonita, buena presencia, de ojos impactantes y pretendientes no le faltaron. Pero allí estaba llevando adelante su vida solitaria.
Esta ahorrando para hacer un viaje, así se lo comentó a Julia. Ahora que se habían reencontrado no dejarían de comunicarse una a la otra.
Luego de tomar café y charlar largo y tendido, las dos amigas se despidieron cada una a sus obligaciones. Una esperanza nueva había nacido entre ellas, seguirían amigas hasta el final.
Maria Denis
Bueno, tomemos un café, dice Elena, y así charlamos un rato.
¿Te parece? ¡fantástico!. Las dos amigas caminan emocionadas por el encuentro. Una vez en el café quedán unos minutos en silencio. Julia rompe el silencio y se atreve a preguntar ¿te casaste? Supongo que te casaste con Martín? Elena baja la mirada y lentamente empieza a hablar. ¡Mirá, casarme como se dice, casarme, no. Convivimos un tiempo pero nos separamos al año!
¿Y se ven de vez en cuando? ¡No! no nos hemos visto más, él se fue no sé a donde exactamente. Yo vivo sola. Estoy trabajando en una escribanía, ¿Y vos? Julia dice: yo me recibí de abogada y también trabajo en un estudio. ¡Te acordás los días que pasamos en nuestros días de la secundaria, que época!, y tu mamá ¿cómo está? Mirá mamá no anda muy bien, el reuma y la artrosis la tienen mal.
Las dos amigas fueron compañeras de estudios desde la primaria, todo iba bien, un día se dieron cuenta de que a las dos les atraía el mismo chico del grupo de amigos, y así se distanciaron a partir del último encuentro de amigos de la secundaria.
Siguieron charlando y de cosas en común ambas se dieron cuenta de que en el fondo de sus corazones seguían sintiendo el mismo afecto, la misma amistad, que siempre las unió.
Elena vivía en Santos Lugares, en un departamento con balcón a la calle, tenía muchas plantas de jardín y un perro pequeño a quien llamaba Piti, este era su companía. La encargada del edificio era quien le hacía la limpieza del departamento y sacaba a Piti a la calle. Elena en su tiempo libre se dedicaba a la pintura, tenía su atelier en el departamento en que vivía, lo hacía por hobbie, pero lo hacía muy bien, sus amigos elogiaban su destreza con el pincel. Se había quedado soltera. Nadie se explicaba bien por que, era bonita, buena presencia, de ojos impactantes y pretendientes no le faltaron. Pero allí estaba llevando adelante su vida solitaria.
Esta ahorrando para hacer un viaje, así se lo comentó a Julia. Ahora que se habían reencontrado no dejarían de comunicarse una a la otra.
Luego de tomar café y charlar largo y tendido, las dos amigas se despidieron cada una a sus obligaciones. Una esperanza nueva había nacido entre ellas, seguirían amigas hasta el final.
Maria Denis
Tu preguntas: ¿Qué es el amor?
Te contaré: Tenía yo 13 años y el hermano de una amiga mía, compañera de escuela, me dijo: ¡En este sombrero lleno de higos que son para vos está mi corazón, y te quiero hacer una promesa en este día de tu cumpleaños! ¡cuando crezcamos los dos me voy a casar con vos!, me dió un beso en la mejilla que nunca olvidé. Crecimos, pasaron unos años y él en el baile conoció una chica, tuvo un encuentro con ella y tuvieron sexo, consecuencia de esto, ella quedó embarazada, el padre de esta joven lo obligó a casarse con ella, porque sino lo mataba, yo lo amaba, era mi primer amor un amor puro e inocente; y él también me amaba, pero como se dice, metió la pata, y se tuvo que casar un día. Casi de casualidad nos vimos, él me habló, quiso explicarse por los hechos, disculparse, me pidió perdón, me dijo que lo obligaron a casarse pero que en cuanto el niño naciera se iba a separar de ella.
Yo era muy respetuosa de los principios morales que me inculcaron en mi casa desde niña y pensando en mi padre que estaba en contra del divorcio, le dije: ¡No, no hagas eso! Vos tenés que estar con tu hijo, yo también me voy a casar pronto y la verdad, tenía más de una propuesta de matrimonio, pero yo lo quería a él, y le dí el sí a otro joven. Un joven del interior del país, bueno, honesto, cuya única riqueza eran sus ganas de vivir y su alegría de la vida, nos casamos. Al año nació mi hija, tenía yo 19 años, la niña era mi felicidad, mi pequeña muñeca de carne y hueso, me aferré a ella con todo mi amor. Cuatro años después nació mi hijo varón y me di cuenta que hay una sola forma de amar. Pero está el amor inocente, puro, cándido, lleno de ilusiones. Y está el amor maduro de una mujer y un hombre, es el amor que se cultiva de a poco con la convivencia y a través de los años. Y hoy, después de 40 años de matrimonio amo más que nunca a este hombre, que me ayudó a crecer, a convertirme en mujer, a sentirme amada. ¡Te puedo decir, qué es el amor!
Maria Denis
Yo era muy respetuosa de los principios morales que me inculcaron en mi casa desde niña y pensando en mi padre que estaba en contra del divorcio, le dije: ¡No, no hagas eso! Vos tenés que estar con tu hijo, yo también me voy a casar pronto y la verdad, tenía más de una propuesta de matrimonio, pero yo lo quería a él, y le dí el sí a otro joven. Un joven del interior del país, bueno, honesto, cuya única riqueza eran sus ganas de vivir y su alegría de la vida, nos casamos. Al año nació mi hija, tenía yo 19 años, la niña era mi felicidad, mi pequeña muñeca de carne y hueso, me aferré a ella con todo mi amor. Cuatro años después nació mi hijo varón y me di cuenta que hay una sola forma de amar. Pero está el amor inocente, puro, cándido, lleno de ilusiones. Y está el amor maduro de una mujer y un hombre, es el amor que se cultiva de a poco con la convivencia y a través de los años. Y hoy, después de 40 años de matrimonio amo más que nunca a este hombre, que me ayudó a crecer, a convertirme en mujer, a sentirme amada. ¡Te puedo decir, qué es el amor!
Maria Denis
martes, 30 de marzo de 2010
El Tren de las 5:45 hs-
Todos los días de lunes a viernes salía de la casa rumbo a la estación de José C. Paz, para tomar el tren de las 5:45 hs, tenía que entrar a la 6:50hs, de la Mañana en la fábrica. La estación quedaba unas doce cuadras de mi casa. Pero en invierno y si llovía me tomaba un colectivo para no tomar frío y no mojarme.
La parada del colectivo estaba a una cuadra. En invierno el viento en la calle me parecían pasos, cuando movía las hojas secas en el asfalto. Pero no siempre era el viento; a veces eran los pasos de él, de mi vecino de enfrente, salía a la misma hora que yo, tomábamos el mismo colectivo, y el mismo tren en la parada. Nos decíamos: ¡Buen día! y algún comentario referente al clima del tiempo.
El era casado, igual que yo. Tengo dos hijos y el dos y uno en camino, era alto rubio, fornido, lo que se dice un buen mozo. Yo era bonita, elegante, siempre me gustaba estar de punta en blanco. Éramos jóvenes todavía. En uno de esos viajes hacia el trabajo, nos sentamos juntos y a partir de ahí fuimos compañeros de viaje inseparables, conversábamos de todo un poco. Hacía varios meses que viajábamos juntos, los fines de semana cada uno en su casa, yo cortaba el pasto del jardín, cuidaba mis flores y mis plantas y me ocupaba de la casa y de mis hijos, de mi marido.
El en su casa siempre estaba haciendo algo, ya que su casa estaba aún en construcción, le faltaban las terminaciones, teníamos una vida normal, pero en el fondo de nuestros corazones algo estaba pasando, era un sentimiento más que amistad, era algo que no nos pudimos dar el lujo de sentir, ambos teníamos una familia.
Un día el tren se aproximaba a la estación de la Paternal en donde él se bajaba y se levanta del asiento y como si fuera algo de rutina y algo normal, acerca su boca a mis labios, yo inconsciente e instintivamente hice lo mismo. Sin llegar a besarnos nos quedamos ahí detenidos. Yo alcancé a decir ¡No, por favor, no! el me dió un beso en la mejilla y me dice ¡hasta mañana Laura!, a mi me salió un débil ¡Hasta mañana Francisco! de pronto me invadió un sentimiento de verguenza y culpa- ¿y si algún vecino que viajaba a esa hora nos había visto? no me atrevía a mirar para ningún lado y miré para afuera de la ventanilla, me quedé así absorta hasta que el tren llegó a Chacarita y me bajé, me sentía rara. Como si no fuera yo, ese día pasó, al otro día nos volvimos a ver y me pidió disculpas por lo del día anterior. Yo digo, ¡No te preocupes, no hay nada que disculpar!, fue un impulso inconsciente y de a poco fuimos evitando los encuentros y el hecho de sentarnos juntos.
Estaban pasando cosas en nosotros, sentimientos que no podíamos permitirnos. El tenía su familia y yo la mía, no podíamos dañar a los otros.
Al año mi marido y yo vendimos la casa y nos mudamos a Villa Urquiza. Nunca más nos vimos, yo extrañaba a mi compañero de viajes, a Francisco, supe que él se había mudado a Pacheco. Me quedó el recuerdo de su persona, de lo agradable que era conversar con él. Pudo haber sido una historia de amor pero la prudencia fue más fuerte que los sentimientos.
Maria Denis
La parada del colectivo estaba a una cuadra. En invierno el viento en la calle me parecían pasos, cuando movía las hojas secas en el asfalto. Pero no siempre era el viento; a veces eran los pasos de él, de mi vecino de enfrente, salía a la misma hora que yo, tomábamos el mismo colectivo, y el mismo tren en la parada. Nos decíamos: ¡Buen día! y algún comentario referente al clima del tiempo.
El era casado, igual que yo. Tengo dos hijos y el dos y uno en camino, era alto rubio, fornido, lo que se dice un buen mozo. Yo era bonita, elegante, siempre me gustaba estar de punta en blanco. Éramos jóvenes todavía. En uno de esos viajes hacia el trabajo, nos sentamos juntos y a partir de ahí fuimos compañeros de viaje inseparables, conversábamos de todo un poco. Hacía varios meses que viajábamos juntos, los fines de semana cada uno en su casa, yo cortaba el pasto del jardín, cuidaba mis flores y mis plantas y me ocupaba de la casa y de mis hijos, de mi marido.
El en su casa siempre estaba haciendo algo, ya que su casa estaba aún en construcción, le faltaban las terminaciones, teníamos una vida normal, pero en el fondo de nuestros corazones algo estaba pasando, era un sentimiento más que amistad, era algo que no nos pudimos dar el lujo de sentir, ambos teníamos una familia.
Un día el tren se aproximaba a la estación de la Paternal en donde él se bajaba y se levanta del asiento y como si fuera algo de rutina y algo normal, acerca su boca a mis labios, yo inconsciente e instintivamente hice lo mismo. Sin llegar a besarnos nos quedamos ahí detenidos. Yo alcancé a decir ¡No, por favor, no! el me dió un beso en la mejilla y me dice ¡hasta mañana Laura!, a mi me salió un débil ¡Hasta mañana Francisco! de pronto me invadió un sentimiento de verguenza y culpa- ¿y si algún vecino que viajaba a esa hora nos había visto? no me atrevía a mirar para ningún lado y miré para afuera de la ventanilla, me quedé así absorta hasta que el tren llegó a Chacarita y me bajé, me sentía rara. Como si no fuera yo, ese día pasó, al otro día nos volvimos a ver y me pidió disculpas por lo del día anterior. Yo digo, ¡No te preocupes, no hay nada que disculpar!, fue un impulso inconsciente y de a poco fuimos evitando los encuentros y el hecho de sentarnos juntos.
Estaban pasando cosas en nosotros, sentimientos que no podíamos permitirnos. El tenía su familia y yo la mía, no podíamos dañar a los otros.
Al año mi marido y yo vendimos la casa y nos mudamos a Villa Urquiza. Nunca más nos vimos, yo extrañaba a mi compañero de viajes, a Francisco, supe que él se había mudado a Pacheco. Me quedó el recuerdo de su persona, de lo agradable que era conversar con él. Pudo haber sido una historia de amor pero la prudencia fue más fuerte que los sentimientos.
Maria Denis
viernes, 26 de marzo de 2010
"LIZA"
La sala comedor estaba impecable, el brillo de los pisos recién encerados, el brillo de los muebles. Los tapizados de las sillas de cuero color verde oscuro, estaban relucientes, el aroma de cítricos y flores frutales se esparcía por toda la casa. Ella encendió el recipiente con aceites aromáticos en cuanto se levantó. En la sala una suave brisa movía las cortinas del ventanal. En ese día sábado del mes de Octubre, los días y,precisamente hoy, se presentaba cálido, agradable.
Era un día esperado desde hacía tanto, tanto tiempo. A las 11 hs, en punto llegaba él. Después de tantos años, casi diez años ¡Cómo pasó el tiempo!. Liza se arregla el pelo y su maquillaje, quiere estar impecable, está ansiosa; todavía queda algo en su corazón y piensa si él sentirá igual. No se habían vuelto a encontrar más desde aquel día. Fue en una reunión familiar que sus padres le plantearon el tema de su relación, no habían antecedentes cercanos a la familia, y dado que los dos eran primos en primer grado no era conveniente que siguieran adelante con su relación amorosa.
Según lo dispuso el padre de Liza, debían tomar distancia un tiempo, quizás así ese sentimiento se calmara un poco. Tal vez por ser tan jóvenes confundían los lazos y el amor filial que los unía. Y así fue, Pablo se fue a Brasil, allí se inició en el periodismo y estudió letras. Se inició como escritor, le va bien, pero seguía soltero. Tuvo algunas relaciones circunstanciales pero nada serio, fueron relaciones pasajeras, como él decía.
Liza siguió medicina, le dedicaba todo el tiempo, junto con otros profesionales crearon una fundación para niños carenciados. Liza estaba absorta en sus recuerdos, cuando de pronto suena el timbre, se incorpora del desván y se mira nuevamente al espejo. ¿Cómo la vería él?; piensa y se dirige a abrir la puerta, el corazón le late de prisa, abre la puerta y ahí está él: Pablo, alto, lo mira, se miran. En el asoman incipientes canas blancas en su frente, se abrazan unos minutos luego Pablo pregunta: ¿Cómo estás? "Disculpá que no vine enseguida de llegar de mi viaje, vos sabés, mamá me acaparó todo el tiempo. Fueron muchos años lejos, no me di cuenta del tiempo, trabajando tanto y escribiendo. Pero, cuentame ¿cómo has estado?, se que estás trabajando como médico en el hospital".
Liza: "Si, también trabajo mucho, además tengo la Fundación que también me demanda tiempo". El partía a las 22 hs. para Alemania para presentar un libro y hacer unos reportajes, así que conversaron de esto, de aquello apenas tocaron el tema del amor, quizás para no herirse, o quizás para no dejarse llevar por los sentimientos.
Pablo se queda mirándola un rato y luego dice: "¡Estás muy bien! seguís siendo tan hermosa como antes". Ella baja la mirada, dice "¡no te creo, pero gracias por el halago! "
Liza dice: "te invito a almorzar", eran casi las 15 hs, él acepta con agrado. La comida es muy amena entre charla y charla, luego ella le pregunta casi timidamente "¿Te has casado o tienes alguna pareja actual?" El tarda en contestar, luego dice: "¡No! en realidad no tengo a nadie, y ¿vos?" Ella también le contesta que en realidad no ha tenido tiempo para el amor, claro, no le han faltado propuestas pero hasta ahora nada en concreto. Es como si ambos tuvieran temor de volver a amar, de volver a enamorarse.
Lo que hubo entre los dos fue algo muy grande, algo muy fuerte, fue dura la separación, pero no hubo olvido. Ninguno de los dos olvidó el gran amor que se tuvieron. De pronto, Pablo mira el reloj, casi las 18 hs. y dice: "Bueno, Liza, casi que me estoy yendo para Ezeiza, debo tomar el avión y vos sabés que hay que estar con tiempo y tengo que pasar por casa de mi madre a buscar el equipaje."
Ella dice:" Te puedo llevar al aeropuerto", él acepta. Se disponen a salir y hacen el trayecto casi en silencio, ella dice "¡Nos hablamos, ¿te parece?" "Sí, claro, dice él, voy a tratar de venir más seguido pero vos sabés uno se lo propone y luego el trabajo y los compromisos te absorben!".
Mientras iban en el auto hacia el aeropuerto, a Liza le vienen los recuerdos, la infancia, época en que ambos compartían juegos y travesuras. La casa de verano en Bahía Blanca, maravillosos días de verano en lo que se amaban y se juraban eterno amor. La familia tan tradicional y católica. Los paseos a caballo por la costa, el mar...todo parecía ayer y sin embargo eran días tan lejanos. Una lágrima a punto de brotar, parecía traicionarla.
Se hace un gran silencio, están llegando a Ezeiza, los tramites respectivos, el chequeo del equipaje. Por parlantes y altavoces, el operador indica a los pasajeros del vuelo a Alemania, favor de abordar el avión.
Liza sentía nervios de estómago por el nerviosismo de la despedida. Se miran ambos. Ella dice: "¡parece que llegó la hora!". El la toma de los hombros, la mira, luego se abrazan fuertemente los dos. Un dolor contenido atenaza sus gargantas al mismo tiempo. ¡Hasta pronto!, dice ella. ¡hasta pronto! dice él. Se aleja hacia la escalera de subida al avión, más adelante se da vuelta. Ella sigue parada ahí, dice adiós con la mano. La figura de él se pierde. Ella gira sobre sus pasos, encaminando el regreso, una sensación de frío la invade, y un enorme vacío. Suspira y resuelta va hacia el auto. Siente ganas de que mañana sea lunes, así se incorpora al trabajo y ese tema pendiente en la Fundación: la niña sin padres que le roba el tiempo, ha pensado muy seriamente en adoptarla. Le brindaría todo su amor, una vez en el coche enciende la radio, oh casualidad, el tema de Araguez están tocando, el auto sigue su marcha. Por sus mejillas ruedan las lágrimas.
Piensa en llamar a Javier en cuanto llegue a casa. Javier era médico también, trabajaban juntos, en más de una oportunidad él le propuso matrimonio. ¿Quien sabe? ¡Tal vez resulte!
Maria Denis
Era un día esperado desde hacía tanto, tanto tiempo. A las 11 hs, en punto llegaba él. Después de tantos años, casi diez años ¡Cómo pasó el tiempo!. Liza se arregla el pelo y su maquillaje, quiere estar impecable, está ansiosa; todavía queda algo en su corazón y piensa si él sentirá igual. No se habían vuelto a encontrar más desde aquel día. Fue en una reunión familiar que sus padres le plantearon el tema de su relación, no habían antecedentes cercanos a la familia, y dado que los dos eran primos en primer grado no era conveniente que siguieran adelante con su relación amorosa.
Según lo dispuso el padre de Liza, debían tomar distancia un tiempo, quizás así ese sentimiento se calmara un poco. Tal vez por ser tan jóvenes confundían los lazos y el amor filial que los unía. Y así fue, Pablo se fue a Brasil, allí se inició en el periodismo y estudió letras. Se inició como escritor, le va bien, pero seguía soltero. Tuvo algunas relaciones circunstanciales pero nada serio, fueron relaciones pasajeras, como él decía.
Liza siguió medicina, le dedicaba todo el tiempo, junto con otros profesionales crearon una fundación para niños carenciados. Liza estaba absorta en sus recuerdos, cuando de pronto suena el timbre, se incorpora del desván y se mira nuevamente al espejo. ¿Cómo la vería él?; piensa y se dirige a abrir la puerta, el corazón le late de prisa, abre la puerta y ahí está él: Pablo, alto, lo mira, se miran. En el asoman incipientes canas blancas en su frente, se abrazan unos minutos luego Pablo pregunta: ¿Cómo estás? "Disculpá que no vine enseguida de llegar de mi viaje, vos sabés, mamá me acaparó todo el tiempo. Fueron muchos años lejos, no me di cuenta del tiempo, trabajando tanto y escribiendo. Pero, cuentame ¿cómo has estado?, se que estás trabajando como médico en el hospital".
Liza: "Si, también trabajo mucho, además tengo la Fundación que también me demanda tiempo". El partía a las 22 hs. para Alemania para presentar un libro y hacer unos reportajes, así que conversaron de esto, de aquello apenas tocaron el tema del amor, quizás para no herirse, o quizás para no dejarse llevar por los sentimientos.
Pablo se queda mirándola un rato y luego dice: "¡Estás muy bien! seguís siendo tan hermosa como antes". Ella baja la mirada, dice "¡no te creo, pero gracias por el halago! "
Liza dice: "te invito a almorzar", eran casi las 15 hs, él acepta con agrado. La comida es muy amena entre charla y charla, luego ella le pregunta casi timidamente "¿Te has casado o tienes alguna pareja actual?" El tarda en contestar, luego dice: "¡No! en realidad no tengo a nadie, y ¿vos?" Ella también le contesta que en realidad no ha tenido tiempo para el amor, claro, no le han faltado propuestas pero hasta ahora nada en concreto. Es como si ambos tuvieran temor de volver a amar, de volver a enamorarse.
Lo que hubo entre los dos fue algo muy grande, algo muy fuerte, fue dura la separación, pero no hubo olvido. Ninguno de los dos olvidó el gran amor que se tuvieron. De pronto, Pablo mira el reloj, casi las 18 hs. y dice: "Bueno, Liza, casi que me estoy yendo para Ezeiza, debo tomar el avión y vos sabés que hay que estar con tiempo y tengo que pasar por casa de mi madre a buscar el equipaje."
Ella dice:" Te puedo llevar al aeropuerto", él acepta. Se disponen a salir y hacen el trayecto casi en silencio, ella dice "¡Nos hablamos, ¿te parece?" "Sí, claro, dice él, voy a tratar de venir más seguido pero vos sabés uno se lo propone y luego el trabajo y los compromisos te absorben!".
Mientras iban en el auto hacia el aeropuerto, a Liza le vienen los recuerdos, la infancia, época en que ambos compartían juegos y travesuras. La casa de verano en Bahía Blanca, maravillosos días de verano en lo que se amaban y se juraban eterno amor. La familia tan tradicional y católica. Los paseos a caballo por la costa, el mar...todo parecía ayer y sin embargo eran días tan lejanos. Una lágrima a punto de brotar, parecía traicionarla.
Se hace un gran silencio, están llegando a Ezeiza, los tramites respectivos, el chequeo del equipaje. Por parlantes y altavoces, el operador indica a los pasajeros del vuelo a Alemania, favor de abordar el avión.
Liza sentía nervios de estómago por el nerviosismo de la despedida. Se miran ambos. Ella dice: "¡parece que llegó la hora!". El la toma de los hombros, la mira, luego se abrazan fuertemente los dos. Un dolor contenido atenaza sus gargantas al mismo tiempo. ¡Hasta pronto!, dice ella. ¡hasta pronto! dice él. Se aleja hacia la escalera de subida al avión, más adelante se da vuelta. Ella sigue parada ahí, dice adiós con la mano. La figura de él se pierde. Ella gira sobre sus pasos, encaminando el regreso, una sensación de frío la invade, y un enorme vacío. Suspira y resuelta va hacia el auto. Siente ganas de que mañana sea lunes, así se incorpora al trabajo y ese tema pendiente en la Fundación: la niña sin padres que le roba el tiempo, ha pensado muy seriamente en adoptarla. Le brindaría todo su amor, una vez en el coche enciende la radio, oh casualidad, el tema de Araguez están tocando, el auto sigue su marcha. Por sus mejillas ruedan las lágrimas.
Piensa en llamar a Javier en cuanto llegue a casa. Javier era médico también, trabajaban juntos, en más de una oportunidad él le propuso matrimonio. ¿Quien sabe? ¡Tal vez resulte!
Maria Denis
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